
Florecita como es llamada por los colaboradores de la Fundación Compartir, siempre está con una sonrisa en su rostro y dispuesta a ayudar al otro, así eso le implique levantarse de su puesto una y otra vez.
Flor Amelia Macías Ramírez es la primera impresión que se llevan los visitantes al llegar y/o llamar a las instalaciones administrativas de la Fundación Compartir. Espontánea, risueña, comprometida, inocente, humilde, responsable, arriesgada, trabajadora, alegre y receptiva son algunas de las cualidades que componen a esta bogotana, madre de María Fernanda de 28 años y esposa de Luis Enrique Pérez, a quien llama cariñosamente ‘Pérez’.
Desde el 2 de agosto del 2013 ha estado sentada en la recepción de la Fundación, pero siete años atrás, ya hacía parte de la familia Compartir. “Entré a la Fundación Compartir como mensajera en el año 2006 y me la pasaba en la calle de un lado a otro, haciendo diligencias y resolviendo ‘chicharrones’. Era la única mujer de los cinco mensajeros que trabajábamos en ese tiempo para Compartir en diferentes zonas de la ciudad. Me gustaba ir a la carrera 3ª con calle 85 porque para llegar allá tenía que subir 320 escalones, los contaba uno a uno, y cada vez me proponía hacer el menor tiempo; pero la parte más divertida, era la bajada”.
¿Cómo llegaste a la recepción de la Fundación Compartir?
En medio de mi labor como mensajera, de vez en cuando me pedían el favor de que reemplazara a la niña de la recepción porque se enfermaba o venía otra y no duraba en el puesto. Entonces un día el señor Hernán Ávila, actual director administrativo y de gestión humana, me propuso que si quería quedarme fija como recepcionista, que lo pensara y le contara en la tarde.
A mí me dio mucho miedo, pánico de pensar en que no sabía usar un computador y que si no daba con eso me echaban y me quedaba sin trabajo. Pero fue Pérez y mi hija quienes me animaron a tomar ese cargo y finalmente acepté.
¿Qué cosas positivas destacas de tu trabajo?
Al ser la persona que contesta el teléfono y recibe a la gente cuando llegan a la Fundación, soy quien los orienta y los ayuda si tienen algún reclamo o duda acerca de algo, eso me gusta y me hace sentir bien. Algunos me traen frutas o dulces en agradecimiento.
¿Qué agradeces a la Fundación?
Quiero aprovechar para darles las gracias a todos los que han hecho parte de mi proceso, por su comprensión, confianza y apoyo, quienes no se cansaron de enseñarme y darme ánimo. Porque gracias a su ayuda fue que aprendí y sigo aquí.
Si hubieras tenido la oportunidad de estudiar, ¿qué te hubiera gustado?
Siempre me gustó la milicia, hacer parte del ejército o del tránsito. Pero sobre todo me hubiera gustado estudiar Licenciatura en Pedagogía Infantil, me encantaba enseñarle a los pequeñitos y por eso fui madre comunitaria por dos años y alcancé a tener 17 niños.
¿A qué le temes?
A los aviones y a los barcos, nunca me he subido en ninguno de los dos, nisiquiera porque mi hija nos iba a regalar un viaje a San Andrés. Conozco muy poco y cuando esté viejita me gustaría irme a vivir a un pueblo tranquilo con ‘Pérez’.
¿Qué haces en tus tiempos libres?
Soy bastante unida con mi esposo, así que vemos fútbol, jugamos billar, salimos a bailar, aunque ya no me da tantas vueltas como antes…(risas).